
Cerbero, fiera cruel y monstruosa, ladra con sus tres fauces de perro contra los condenados que están allí sumergidos. Tiene los ojos rojos, los pelos negros y cerdosos, el vientre ancho y las patas guarnecidas de uñas que clava en los espíritus, les desgarra la piel y los descuartiza. La lluvia los hace aullar como perros; los miserables condenados forman entre sí una muralla con sus costados y se revuelven sin cesar.
(Dante Alighieri. La Divina Comedia. Infierno, Canto VI)
Por Renato Ortíz*
Cerbero toma forma a partir de tejidos y órganos como los siguientes: “Dinero”, “deber ser”, “miedo”, “religión”, Principales estructuras presentes en la lógica de la vida en el encierro.
El dinero estructura, instituye ciertos modos de subjetividad, incidiendo directamente sobre el cuerpo del sujeto de la práctica de la reclusión, ya sea en su nutrición, donde la diferencia de percepción económica hará que existan jerarquías entre los internos, la cantidad de dinero permitirá a unos ejercer su vida sexual de un modo más satisfactorio que otros, entonces el dinero incide en la intimidad, en lo cotidiano.
Pagar uno o dos pesos para “la lista”, para los custodios, pagar protección, “chambear para poder comer algo mejor, aunque sean sólo huevos”, dormir acostado también tiene un costo. El dinero es el factor que circula creando necesidades, y desde estas necesidades actuará el poder como tecnología que regulará la conducta, modificará la subjetividad y hará a los sujetos resignificar su vivencia cotidiana con el valor del dinero, resignificarán el trabajo que producen con el esfuerzo de sus cuerpos en el cautiverio, habrá un intercambio constante para resguardar al cuerpo de los embates continuos del hambre, de la seguridad momentánea, posibilitar la comunicación con la familia y muchas otras necesidades que origina una institución como esta.
Es necesario observar la institución de reclusión, para comprender que estas relaciones existen de una manera totalizante a través de los muros, las celdas, la vigilancia, no sólo de los custodios, sino también de una vigilancia que se ejerce de uno a otro, a la espera del descuido para obtener algún beneficio económico, ampliando el concepto de económico al campo libidinal, desde las pulsiones de conservación, siempre vividas desde la mirada asechante de la muerte. El sometimiento actúa desde la aparición de la violencia ejercida desde y por la institución de reclusión.
La normatividad interna construye un “deber ser” del sujeto que se encuentra recluido, hay reglas que no deben romperse, no deben transgredirse, o se pagará con el precio de otro castigo, castigo que ahora proviene del grupo, castigo que incidirá sobre el cuerpo del sujeto que ha hablado de más (la borrega), y ¿con quien ha hablado de más?, con un representante de la autoridad.
Ante estos acontecimientos que conforman el vivir cotidiano, surge un emergente: el miedo como operador y como tecnología para producir sujetos del sometimiento, funcionales al sistema penitenciario, actuando desde el mandato de sobrevivir. Pero miedo ¿a qué?, al sufrimiento, al hambre, a la realidad violenta, al destierro del grupo a otro lugar: la soledad aparejada con la muerte, o la muerte misma en una punta (Instrumento punzo-cortante) entre el asaltante y su víctima.
Por otro lado, la religión y las prácticas derivadas de esta vieja institución, dotan a los sujetos de apoyos imaginarios que servirán para protegerse de la violencia cotidiana en cautiverio. El miedo, el trabajo, la muerte, el abismo, son dotados de sentido a partir de prácticas y creencias religiosas o supersticiosas.
*Alumno egresado de la licenciatura en Psicología de la UAM-Xochimilco
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home